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Ideas · Querétaro

América Latina tiene el 5% de los data centers del mundo y el 100% de la discusión sobre el agua

Los cuatro mercados principales crecieron 41% en un año. La variable que decide dónde se construye ya no es el tamaño de la economía: es si hay potencia firme en un nodo específico.

10 min·14 ago·act. 22 ago

Daniel Pinto

Un medio de Interadia · Querétaro·10 min·14 de agosto de 2026 · actualizada 22 de agosto de 2026

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Infraestructura tecnológica
La variable que decide ya no es el tamaño de la economía: es si hay potencia firme en un nodo.

Los cuatro mayores mercados de data centers de América Latina —São Paulo, Querétaro, Santiago y Bogotá— alcanzaron un inventario mayorista combinado de 1.045 MW en el primer trimestre de 2026, un crecimiento agregado de 41,3% interanual, según el informe Global Data Center Trends 2026 de CBRE. En doce meses agregaron unos 306 MW, subiendo desde unos 739 MW.

5%Data centers del mundo

1.045 MWInventario mayorista 4 mercados

+450%Querétaro, interanual

Cuando un operador tiene que construir su propia generación porque no confía en la red, eso es una falla del sistema eléctrico expresada como línea del presupuesto.

Daniel Pinto

El crecimiento no está repartido. Querétaro fue el mercado de más rápida expansión de la región, con 450,2% interanual. São Paulo sigue siendo el mayor por capacidad instalada. México pasó de 115 MW en 2024 a cerca de 280 MW, un alza de 140%.

Ahora la cifra que pone todo en perspectiva: alrededor del 5% de los data centers del mundo están en América Latina.

Es una región con más del 8% de la población mundial y con las tasas de adopción de servicios digitales más altas del planeta en varias categorías. La brecha entre consumo de cómputo y producción de cómputo es, probablemente, el desbalance de infraestructura más grande que tiene la región y el que menos titulares genera.

El capital que está entrando

AWS avanza con una inversión de aproximadamente 4.000 millones de dólares en Chile y se comprometió con 5.000 millones para una nueva región de nube en México. Google construye un centro de 850 millones en Uruguay. En Colombia se prepara una zona local en Bogotá conectada a infraestructura en Estados Unidos, orientada a reducir latencia.

La inversión anual regional se proyecta que casi se duplique: de unos 5.000 millones de dólares en 2023 a cerca de 10.000 millones en 2029.

El criterio de selección cambió

Esto es lo más interesante del ciclo actual y lo que menos se entiende en las conversaciones de promoción de inversión.

La decisión de dónde instalar ya no depende del tamaño de la economía. Depende de tres cosas: energía confiable, agua y conectividad. Un país puede tener un PIB grande y quedar fuera de la lista si no puede entregar potencia firme en un nodo específico de la red, en una fecha específica.

CBRE identifica los obstáculos con precisión: disponibilidad de energía, confiabilidad de la red y escasez de mano de obra calificada. Y añade un punto que rara vez aparece en los anuncios: los desarrolladores están recurriendo a proyectos de autogeneración, lo que agrega costo y riesgo al proyecto. Cuando un operador tiene que construir su propia generación porque no confía en la red, eso es una falla del sistema eléctrico expresada como línea del presupuesto.

La proyección de CBRE es que el crecimiento del mercado va a tensar la disponibilidad de talento calificado, intensificando la competencia y potencialmente extendiendo los plazos de construcción.

La contradicción chilena

Chile es el caso más instructivo de la región porque tiene los dos lados del problema simultáneamente.

Tiene uno de los mejores recursos solares del mundo y está vertiendo más de 6 TWh al año por falta de transmisión. Es decir: tiene energía limpia sobrante y no puede llevarla a donde se necesita. El gobierno lanzó un Plan Nacional de Data Centers con inversiones proyectadas por 4.000 millones de dólares y criterios de sostenibilidad obligatorios, y publicó lineamientos para descentralizar infraestructura hacia el desierto de Atacama y Magallanes.

Esa decisión es técnicamente elegante: poner el cómputo donde está la generación, en lugar de mover la generación hasta donde está el cómputo. Resuelve el vertimiento y el consumo eléctrico del data center con el mismo movimiento.

Y al mismo tiempo, en Cerrillos, hubo gente parada afuera de Google con carteles. El conflicto por el uso de agua en zonas urbanas es real y no lo resuelve un plan nacional.

El vacío regulatorio como ventaja competitiva frágil

Acá está la parte incómoda. Especialistas del sector señalan que la legislación latinoamericana sobre recursos hídricos y energéticos aplicada a infraestructura digital es débil y carece de estándares, a diferencia de la Unión Europea, donde las regulaciones son considerablemente más estrictas.

Eso es, en términos estrictamente de atracción de inversión, una ventaja. Los proyectos se aprueban más rápido y con menos condiciones. Parte de la razón por la cual Querétaro creció 450% es exactamente esa.

También es una ventaja que se agota sola. Grupos de activistas en Querétaro han tenido dificultades para acceder a información sobre cómo se están desarrollando los proyectos, y la falta de información pública es precisamente lo que impide una discusión con evidencia. Cuando la discusión llega igual —y llega— llega sin datos y con desconfianza acumulada, que es la peor combinación posible para cualquiera que necesite una licencia social para operar veinte años.

Lo que debería estar en cada anuncio y no está

Tres números, y ninguno es la inversión en dólares.

Cuántos megavatios de potencia firme requiere el proyecto y de qué nodo salen. Cuántos litros de agua consume al año, con qué fuente y bajo qué esquema de reposición. Y cuántos empleos permanentes —no de construcción— genera por megavatio instalado.

Ese último número es el que hace más ruido cuando se publica, porque un data center es una de las infraestructuras con menor intensidad de empleo permanente por dólar invertido que existe. Es una razón perfectamente válida para construirlos igual —la infraestructura digital habilita industrias enteras aguas abajo— pero no es el argumento que se está usando, y usar el argumento equivocado tiene costo cuando la comunidad hace la cuenta.

México muestra el otro filo del problema: grupos de la industria advierten que hay proyectos que se están redirigiendo a Brasil y Chile porque la planificación energética no siguió el ritmo. La ventaja regulatoria no compensa la falta de electrones.

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