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Contra la corriente

Contra · São Paulo

Default alive es una pregunta sobre la tasa de interés.

En Brasil el CDI paga 13,90% anual. En Colombia la tasa de política monetaria está en 12%. La pregunta que Paul Graham formuló en 2015, cuando el dinero quieto no rendía nada, da otro resultado cuando el dinero quieto rinde más que tu compañía.

10 min·5 sep

Daniel Pinto

Opinión firmada · São Paulo·10 min·5 de septiembre de 2026

WA
Sala de directorio vacía
Default alive es una pregunta sobre la tasa.

El primero es el que aparece en su presentación: producto, clientes, crecimiento, equipo

Daniel Pinto

Una startup brasileña con veinte millones de reales en caja tiene dos negocios.

El primero es el que aparece en su presentación: producto, clientes, crecimiento, equipo. El segundo no aparece en ninguna lámina y funciona solo: esos veinte millones, colocados en un instrumento de liquidez diaria atado a la tasa interbancaria, rinden alrededor de 13,90% anual. Con el IPCA acumulado de doce meses en torno a 4,44%, el rendimiento real antes de impuestos se acerca al 9%.

El segundo negocio no tiene empleados, no tiene churn y no requiere una ronda.

Ese es el punto de partida de cualquier conversación honesta sobre disciplina de caja en esta región, y es exactamente el punto que la formulación original omite, porque cuando se escribió no existía.

La tesis original, y la condición que la sostenía

Paul Graham publicó en octubre de 2015 un ensayo con una pregunta que se volvió estándar en los directorios: si los gastos se mantienen constantes y el crecimiento de ingresos sigue como en los últimos meses, "do they make it to profitability on the money they have left?" Si la respuesta es sí, la compañía está viva por defecto. Si es no, está muerta por defecto y todavía no lo sabe.

Es una de las mejores herramientas de gestión escritas en los últimos veinte años. Obliga a mirar la trayectoria en lugar del saldo. Convierte una intuición vaga en una proyección.

Y descansa sobre un supuesto que ese mes era invisible porque era universal: el dinero en el banco no rendía nada. El rango objetivo de la tasa de referencia estadounidense seguía anclado en cero y llevaba años ahí. Guardar capital no tenía costo de oportunidad. Por eso la única variable que importaba era el crecimiento: no había ninguna otra cosa que el dinero pudiera estar haciendo.

Esa condición no existe en América Latina en 2026. Y no existió casi nunca.

El mapa de tasas de la región, en un párrafo

Brasil tiene la Selic en 14% anual, después de cuatro recortes consecutivos de 0,25 puntos desde un pico de 15% que se sostuvo entre junio de 2025 y marzo de 2026. El CDI está en 13,90%.

Colombia tiene la tasa de intervención en 12%. Llegó ahí subiendo: en marzo de 2026 el Banco de la República la elevó cien puntos básicos de una sola vez, hasta 11,25%, con cuatro votos a favor, dos por un recorte de medio punto y uno por dejarla quieta. En julio la mantuvo en 12% por cuatro votos contra tres, y los tres disidentes pedían medio punto más de alza, no menos. La inflación anual de julio fue 6,03% y la expectativa mediana de los analistas para diciembre de 2026 subió a 6,6%.

México tiene la tasa objetivo en 6,50%, mantenida por unanimidad en agosto y en pausa por segunda reunión consecutiva, con la inflación general en 3,10% a inicios de julio y con la convergencia a la meta postergada al cuarto trimestre de 2027.

Chile tiene la tasa de política monetaria en 4,5%, mantenida por unanimidad el 28 de julio de 2026, con el consejo evaluando reunión a reunión.

Perú tiene la tasa de referencia en 4,25% desde septiembre de 2025: doce meses sin moverse, con inflación anual de 4,07% en julio.

Cinco países, cinco costos del dinero completamente distintos. La misma compañía, con la misma caja, es una compañía distinta en cada uno.

Lo que la tasa le hace a la aritmética de Graham

La pregunta original tiene una sola variable de estado: cuánto dinero queda. Con tasas altas, hay tres.

La primera es que el runway deja de ser neutral. En un país con tasa cercana a cero, mantener capital ocioso es aproximadamente gratis. En Brasil, cada mes que una compañía deja de ganar dinero mientras quema caja tiene un costo doble: lo que gasta y lo que su caja habría rendido en un instrumento sin riesgo. Un año de operación deficitaria en un entorno con rendimiento real de casi 9% no cuesta lo mismo que un año idéntico en un entorno de rendimiento real nulo.

La segunda es que el umbral de rentabilidad se mueve. En la formulación original basta con llegar a rentabilidad. Acá no basta. Una compañía que llega a rentabilidad con un margen operativo de 6% anual sobre el capital empleado, en un país cuya tasa de política monetaria es 12%, está destruyendo valor con precisión contable. Es rentable y es peor negocio que un depósito. Ambas cosas al mismo tiempo.

La tercera es que el costo del capital de terceros se vuelve prohibitivo mucho antes. En enero de 2026, la tasa media de las operaciones de crédito libre para empresas en Brasil estaba en 25,2% anual, con un spread bancario de 21,9 puntos. Ninguna compañía joven puede financiar operación corriente a ese precio. El puente de deuda que en otro mercado permite estirar el runway seis meses, acá acelera la muerte.

Y hay un cuarto efecto, que es el que menos se discute: el costo de oportunidad del capital propio del fundador. Un fundador que reinvierte utilidades en su propia compañía está eligiendo no colocar ese dinero en un instrumento local que paga doble dígito. Esa decisión, que en un país de tasa cero es obvia, acá es una apuesta activa que hay que justificar cada trimestre.

La regla que reemplaza a la original

La pregunta correcta acá no es si llegas a rentabilidad con lo que tienes. Es esta: ¿el retorno de tu operación supera el rendimiento sin riesgo en la moneda en la que operas, y en cuánto tiempo?

De ahí salen tres reglas prácticas.

La primera es que el runway se reporta neto. Si la caja está colocada, el rendimiento financiero extiende el runway y hay que decirlo. Si está en una cuenta corriente sin remunerar, la compañía está regalando dinero y eso también hay que decirlo. En Brasil, con la tasa donde está, una tesorería mal administrada le cuesta a una startup el equivalente a varios meses de nómina al año. No es sofisticación financiera. Es no dejar plata en la mesa.

La segunda es que "default alive" es una condición que depende del país donde está la caja y de la moneda en que se factura. Una compañía con ingresos en pesos colombianos y caja en pesos colombianos vive en un mundo con tasa de 12% y expectativas de inflación por encima de 6%. La misma compañía, con ingresos en dólares y caja en dólares, vive en otro. Regional no es una geografía: es un conjunto de aritméticas distintas operando bajo un solo nombre legal.

La tercera es que el hurdle rate de cualquier inversión interna —un almacén, una expansión, una contratación de veinte vendedores— debe compararse contra el instrumento local sin riesgo, no contra cero. En México, con Cetes a 28 días cerca de 6,5% y a 364 días en torno a 7%, un proyecto interno que promete 8% anual no es un buen proyecto. Es un proyecto que apenas empata con no hacer nada, y con más riesgo de ejecución.

La moneda es la variable que convierte todo esto en otro problema

Hay una capa más, y es la que suele arruinar el cálculo cuando se hace desde afuera.

Las tasas altas de la región no son un regalo. Son el precio de un riesgo. Una compañía que celebra que su caja en reales rinde doble dígito está cobrando, en parte, una compensación por riesgo cambiario y por riesgo país. Si la moneda se deprecia más que el diferencial de tasas, el rendimiento nominal alto se convierte en pérdida medida en dólares.

Eso rompe cualquier versión simplista del argumento. No se trata de mover la caja al país con la tasa más alta. Se trata de que cada compañía tiene una moneda funcional —la moneda en la que paga sueldos, compra insumos y cobra— y esa moneda define cuál es su tasa relevante.

Una compañía brasileña con costos e ingresos en reales tiene su hurdle rate en reales, y ahí el número es de doble dígito. Una compañía colombiana que factura software en dólares a clientes de Estados Unidos y paga nómina en pesos tiene dos hurdle rates simultáneos y una exposición estructural entre ellos. Una compañía peruana o chilena opera en un régimen de tasas mucho más parecido al del mundo desarrollado que al de sus vecinos del norte.

La conclusión práctica es incómoda para quien administra una operación multipaís: no existe una política de tesorería regional. Existen cinco políticas, con cinco tasas, cinco horizontes de inflación y cinco decisiones distintas sobre cuánto capital mantener en cada jurisdicción. Tratar eso como una sola línea del balance consolidado es donde se pierde el dinero que nadie ve perderse.

La evidencia de que el ecosistema ya se movió, aunque no lo diga

El comportamiento del financiamiento regional muestra que la disciplina ya cambió, incluso donde el discurso no cambió.

En 2025 la región recibió más capital en menos rondas: el conteo de operaciones fue el más bajo desde 2017 y el ticket promedio subió. El capital se concentró en compañías con tracción demostrada, y una porción creciente del dinero de etapa temprana fue a compañías que los mismos fondos ya tenían en cartera.

En Colombia ocurrió algo más elocuente: según el Colombia Tech Report 2026, durante 2025 la deuda superó al equity como fuente de financiamiento del ecosistema por primera vez, con 476 millones de dólares en deuda de riesgo contra 381 millones en capital. En México, el reporte de la industria de venture debt describe el mismo movimiento con otra magnitud.

Los fundadores no están tomando deuda porque sea barata. La están tomando porque el equity, a las valuaciones que ofrece un mercado con tasas altas, resultó más caro todavía. Esa es la definición operativa de un cambio de régimen: cuando la fuente de capital más cara del mundo desarrollado se vuelve la opción razonable.

El contraargumento honesto

Hay dos objeciones y la segunda es fuerte.

La primera es que las tasas son cíclicas. Brasil ya recortó tres veces desde su pico. Chile y Perú están en niveles de un dígito bajo. Construir la estrategia de una compañía sobre el nivel de la tasa de este trimestre es un error de horizonte: una compañía se diseña para diez años, y en diez años la tasa se mueve varias veces.

Es cierto en Brasil y en Chile. Es menos cierto en Colombia, donde la tasa subió en 2026 en lugar de bajar y donde las expectativas de inflación se corrieron hacia arriba. Y es completamente falso como generalización histórica: la región no tuvo un período largo de dinero gratis. Lo excepcional no son las tasas altas de hoy. Fue la ventana 2020-2021.

La segunda objeción es la buena: una startup no es un bono. Nadie invierte capital de riesgo esperando ganarle al CDI por dos puntos. Si una compañía solo aspira a superar el rendimiento sin riesgo local, esa compañía no debería haberse financiado con equity de riesgo en primer lugar. El punto de una startup es el crecimiento compuesto, que en tres años deja atrás a cualquier instrumento de renta fija.

Es correcto, y no anula el argumento: lo reordena. Si el crecimiento compuesto es la única justificación del riesgo, entonces la tasa alta funciona como un filtro. Sube la barra de qué compañías merecen existir con capital de riesgo y cuáles deberían haberse construido con caja propia, deuda o utilidades reinvertidas. Una tasa de política monetaria de doble dígito no mata a las buenas compañías. Mata a las mediocres antes, y eso es una función, no un accidente.

La consecuencia operativa

Tres decisiones cambian a partir de mañana.

Primera: alguien en la compañía tiene que ser responsable de la tesorería, con nombre y apellido, aunque el equipo tenga quince personas. Dónde está la caja, en qué instrumento, a qué plazo, en qué moneda. En un país con tasa de doble dígito, esa función genera más margen que la mayoría de las iniciativas comerciales del trimestre.

Segunda: el reporte mensual al directorio necesita dos líneas que hoy casi nunca aparecen. Runway bruto y runway neto del rendimiento de la caja. Y el retorno operativo del negocio comparado con la tasa sin riesgo local del mismo período. Si la segunda línea es negativa doce meses seguidos, la conversación sobre estrategia ya no es sobre crecimiento.

Tercera: cada plan de inversión interna se evalúa contra el instrumento local, no contra cero y no contra un WACC importado de una hoja de cálculo estadounidense. El costo del dinero en Bogotá no es el costo del dinero en San Francisco, y usar el segundo para decidir en el primero es la forma más silenciosa de quemar capital.

Graham hizo la pregunta correcta. Solo que la hizo en un país donde el dinero quieto no hacía nada. Acá el dinero quieto compite con tu compañía. Y muchas veces gana.

La mesa

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