Saltar al contenido

Ideas · Ciudad de México

El crédito es el producto. El software es el envase.

Las fintech que ganan plata en la región no ganan por la app. Ganan por el diferencial entre lo que pagan por el dinero y lo que cobran por prestarlo. El resto es distribución con buen tipógrafo.

10 min·23 ago

Daniel Pinto

Un medio de Interadia · Ciudad de México·10 min·23 de agosto de 2026

WA
Riel de pagos y crédito en un mostrador
El software es el envase. El crédito es el producto.

Dos números del mismo trimestre, dos negocios distintos.

dLocal procesó 14.100 millones de dólares en el primer trimestre de 2026. Setenta y tres por ciento más que un año antes. Su ingreso creció 55%. Su utilidad bruta creció 40%. Su utilidad neta cayó 10%, hasta 41,9 millones de dólares, golpeada por un ajuste fiscal extraordinario de 9,7 millones. La utilidad bruta sobre volumen procesado pasó de 1,05% a 0,84% en doce meses, y el margen bruto bajó de 39% a 35%. La empresa lo explicó como dinámica natural de escalar volumen con comercios ya establecidos. Es una explicación honesta. También es la definición operativa de un negocio de software financiero en América Latina: el volumen crece más rápido que el margen, y el margen crece más rápido que la ganancia.

En América Latina, el software financiero no es el negocio.

Daniel Pinto

Nu Holdings reportó en el segundo trimestre de 2026 un margen de interés neto de 22,9% y un margen ajustado por riesgo de 12,4%. Utilidad neta de 1.100 millones de dólares. Retorno sobre patrimonio de 33%. Ingreso bruto de 5.900 millones. El ingreso neto por intereses fue de 3.700 millones de dólares en el trimestre. La cartera de crédito llegó a 39.400 millones. Ese no es un negocio de software. Es un banco con una app buena encima.

La diferencia entre esas dos aritméticas es la tesis completa de este texto. En América Latina, el software financiero no es el negocio. Es el canal de adquisición del negocio. El negocio es el balance.

El margen de la región es la anomalía, y todos lo saben

Según la Federación Latinoamericana de Bancos, la banca de la región cerró 2025 con utilidades netas por 88.996 millones de dólares, 31% más que el año anterior. El retorno sobre patrimonio promedio regional fue de 14,2%. El retorno sobre activos, 1,54%. Brasil, México y Chile concentraron 77% de esas utilidades. Y el dato que ordena todo lo demás: el margen de interés neto regional fue de 5,5%, contra 3% en la banca de mercados emergentes excluyendo China.

Dos puntos y medio de diferencia estructural. Eso no es eficiencia. Eso es una renta.

Esa renta existe por razones conocidas y aburridas. Costo de fondeo alto y volátil. Encaje y regulación prudencial exigente. Informalidad que encarece la evaluación de riesgo. Historial crediticio delgado. Sistemas judiciales lentos para ejecutar garantías. Concentración bancaria. Ninguna de esas razones se resuelve con una interfaz mejor. Todas se traducen en spread.

Cuando una fintech regional descubre que puede originar crédito, no descubre un producto adyacente. Descubre el único lugar del sistema donde hay margen suficiente para pagar la operación, el marketing, la nómina de ingeniería y todavía dejar utilidad. La cartera de crédito de la banca regional tuvo cartera vencida por 94.506 millones de dólares con un índice de morosidad de 2,71%, según la misma fuente. Es decir: el sistema pierde tres de cada cien pesos prestados y aun así gana, porque cobra mucho más que eso de diferencial.

El software no tiene ese colchón. El software cobra puntos básicos sobre volumen ajeno y compite con quien cobra menos.

La licencia bancaria es cara, lenta y por eso vale

Si el margen financiero fuera fácil de capturar sin licencia, nadie pediría licencia. La evidencia dice lo contrario: la fila para entrar al negocio regulado no ha parado de crecer.

En México, obtener la autorización inicial de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores toma alrededor de 510 días. En Estados Unidos el promedio ronda los 120 días, y en algunos casos se ha reducido a 80. Nu México pidió licencia en octubre de 2023 y recibió la autorización inicial en abril de 2025, con 53 auditorías regulatorias por delante antes de operar. Plata recibió su primera autorización en diciembre de 2024 y la aprobación de la CNBV en febrero de 2026. Mercado Pago pidió licencia en 2024 y sigue esperando. El mismo Nubank pidió licencia al OCC estadounidense en septiembre de 2025 y tuvo aprobación condicional en enero de 2026: cuatro meses.

La lectura obvia es que el regulador mexicano es lento. La lectura útil es otra: nadie se somete voluntariamente a 510 días de escrutinio y 53 auditorías para lanzar una cuenta remunerada bonita. Se somete porque del otro lado de la licencia está la captación de depósitos, y la captación de depósitos es la materia prima barata del único negocio con margen.

Por eso también existe el atajo. Covalto compró Finterra en 2021. Ualá compró ABC Capital, autorizado en mayo de 2023. Kapital compró Banco Autofin en 2023. Comprar un banco pequeño y viejo es caro, engorroso y trae pasivos escondidos. Sigue siendo más rápido que la fila.

Nadie compra un core bancario usado. Todos compran licencias usadas.

El balance no es solo margen. También es la pérdida.

Aquí está el precio de la tesis, y hay que decirlo completo.

Banco Ualá México cerró el primer semestre de 2026 con pérdidas por 563 millones de pesos, después de perder 1.277 millones en todo 2025. Su índice de morosidad fue de 11,18% en el primer semestre, contra 2,30% del sistema bancario. A cierre de 2025 había sido 15,51%. Su cartera total era de 1.745 millones de pesos y los créditos en etapa 3 sumaban 195 millones, alrededor del 11% del total. Los depósitos cayeron 11,65% real interanual hasta 4.996 millones de pesos en junio. La meta de rentabilidad que la propia compañía había fijado para fines de 2025 o principios de 2026 quedó sin cumplirse.

Parte de eso es herencia: ABC Capital, el banco que compró, tenía a fines de 2022 una cartera de 901 millones de pesos con 484 millones en etapa 3. Más de la mitad. Comprar licencia es comprar historia.

Y el problema no es solo de un actor. En mayo de 2026 el índice de morosidad del sistema bancario mexicano subió a 2,32%, contra 2,08% un año antes, y la cartera en etapa 3 llegó a 193.019 millones de pesos, con crecimiento real de 14,35% entre enero y mayo. Los bancos con morosidad más alta del mercado son, casi todos, entrantes digitales o recientes: BanFeliz con 11,93%, Openbank con 11,26%, Ualá con 10,68%. Los grandes están abajo: BBVA México en 1,68%, Banorte en 1,52%, Citi México en 1,58%.

Esto no refuta la tesis. La precisa. El margen financiero es el producto, pero es un producto que se cobra en riesgo, no en suscripción. Si originás mal, el margen se convierte en provisión antes de convertirse en utilidad.

Kapital muestra el otro lado del mismo negocio

Kapital Bank cerró el primer trimestre de 2026 con el retorno sobre patrimonio más alto de la banca múltiple mexicana: 33,7%. Utilidad neta de 1.229 millones de pesos en doce meses. Activos por 71.945 millones, cartera de crédito por 26.570 millones, captación de 58.422 millones. Índice de capitalización de 13,9% contra un requerimiento de 10,5%. Coeficiente de cobertura de liquidez de 332%. Morosidad de 2,8%.

Kapital no vende software. Vende crédito a empresas y usa software para originarlo y cobrarlo. Su crecimiento de activos superó 300% anual. Ninguna empresa de software financiero de la región crece así en margen, porque ninguna empresa de software financiero de la región tiene un balance que apalancar.

La diferencia entre Ualá México y Kapital no es tecnológica. Ambas tienen ingeniería. Ambas tienen licencia. La diferencia es el segmento de riesgo que eligieron originar y el precio al que lo fondearon. Eso es un oficio bancario. No es un oficio de producto.

El "solo software" no falla por malo. Falla porque su cliente no tiene margen para pagarlo.

La promesa del banking as a service y del SaaS financiero regional fue elegante: no cargues el balance, no pidas licencia, no provisiones. Vendé infraestructura a quien sí quiere hacerlo.

El problema es aritmético. Si el margen de interés neto regional es 5,5% y el proveedor de infraestructura captura cincuenta puntos básicos, el proveedor se queda con menos de una décima parte del valor y toma todo el riesgo tecnológico sin ninguna de las rentas. Peor: su cliente natural, la fintech que no quiere licencia, es exactamente la empresa con menos capacidad de pagar. La que sí puede pagar bien —el banco establecido— construye o compra, no alquila.

Lo que se ve entonces es lo que se ve en dLocal a escala: compresión de take rate. Volumen que crece 73%, utilidad bruta que crece 40% y utilidad neta que cae 10%. Es un buen negocio. No es un negocio con poder de fijación de precios.

Y hay un segundo problema, más silencioso. La infraestructura financiera regional compite contra infraestructura pública gratuita. Cuando el banco central construye el riel, el margen del riel privado tiende a cero. La región ya vio esa película en pagos. La está por ver en identidad, en open finance y en cobranza.

La comisión no es un negocio. Es un peaje que alguien va a bajar.

Hay una razón por la que el ingreso por comisiones se romantiza en las presentaciones y se sufre en el estado de resultados: la comisión es visible.

El cliente ve el 3,5% del intercambio. El comercio ve el descuento del adquirente. El regulador ve ambos. Y en toda la región, cuando algo es visible y se percibe como caro, tarde o temprano llega un tope, una obligación de interoperabilidad o un competidor estatal sin costo de capital. El diferencial de tasa, en cambio, está distribuido en el tiempo, oculto en el costo anual total y protegido por el argumento de que refleja riesgo. Casi nunca se topea de la misma forma.

Eso convierte a la comisión en un ingreso políticamente frágil y al margen financiero en un ingreso políticamente resistente. No es una virtud moral. Es una asimetría regulatoria, y hay que administrarla como tal.

La consecuencia práctica es que un negocio construido sobre take rate necesita crecer volumen permanentemente solo para sostener utilidad, porque su precio unitario baja por defecto. Un negocio construido sobre cartera necesita, en cambio, originar bien y fondearse barato. El primero se defiende con escala. El segundo se defiende con oficio. En una región donde la escala está fragmentada en veinte regulaciones distintas, el oficio es más defendible que la escala.

El contraargumento honesto

Quien piensa lo contrario tiene tres argumentos buenos y hay que responderlos.

El primero: el crédito es cíclico y el software no. Un negocio de comisiones sobre volumen sobrevive una recesión mucho mejor que una cartera mal provisionada. Es cierto. Los números de Ualá México lo demuestran. Un múltiplo de mercado más alto para el software no es irracional: es el precio de la menor volatilidad.

El segundo: el software escala sin capital regulatorio. Kapital opera con índice de capitalización de 13,9%. Cada peso adicional de cartera exige patrimonio. Un negocio de software crece sin pedir permiso al regulador ni al accionista. En un ciclo de capital caro, eso vale.

El tercero: la distribución es el activo, y la distribución se construye con producto. Nubank tiene 139 millones de clientes y una tasa de actividad mensual de 83,5%. Eso no se compró con margen financiero. Se construyó con producto y luego se monetizó con crédito. El orden importa.

Los tres argumentos son correctos y los tres están incompletos por la misma razón. Ninguno explica cómo se paga la construcción de la distribución antes de que la distribución exista. La respuesta empírica en la región ha sido: con capital de riesgo, mientras hubo, y con margen financiero, cuando dejó de haber. El software no es la alternativa al crédito. Es la fase previa, financiada por alguien que espera crédito después.

Y sobre el múltiplo: un negocio de software con margen bruto de 35% y compresión anual de cuatro puntos porcentuales no cotiza como software por mucho tiempo. Cotiza como procesamiento.

La consecuencia

Si dirigís una fintech regional, la pregunta de directorio no es cuánto creció el usuario activo. Es qué porcentaje de tu ingreso viene de diferencial de tasa y qué porcentaje viene de comisión, y hacia dónde se mueve esa mezcla trimestre contra trimestre. Si la mezcla se mueve hacia comisión mientras el volumen crece, estás escalando un negocio que se abarata solo.

Si vendés infraestructura financiera, el ejercicio es más incómodo: mirá el estado de resultados de tus tres clientes principales y calculá qué fracción de su margen te llevás. Si es menos de una décima parte, tu precio no va a subir nunca, y tu única salida es originar vos.

Si estás del lado del capital, el filtro se simplifica. Pedí margen ajustado por riesgo, no margen bruto. Pedí morosidad por cosecha, no morosidad agregada, porque una cartera que crece rápido esconde la mora en el denominador. Y pedí el costo de fondeo, porque en esta región esa es la única ventaja competitiva que no se copia con un sprint.

El software se puede reescribir en seis meses. La licencia toma 510 días. El depósito barato toma años.

La mesa

Comentar esta nota

Un comentario corto, como en una mesa de redacción. Si querés, Grok se sienta y responde con lo que dice la nota — no con lo que inventaría.

  1. Todavía nadie se sentó. La mesa está vacía.

Boletín

Un mail. Cero feed.

Team Vander resume la semana: México, Brasil, Argentina, Colombia, Chile, Perú.We Are Vander. We Love Business.