Trabajo · Monterrey
El nearshoring no creó empleo. Creó turnos.
México rompió su récord de inversión extranjera y al mismo tiempo perdió empleo manufacturero. No es una contradicción. Es el modelo funcionando como fue diseñado.
Team Vander
Un medio de Interadia · Monterrey·10 min·17 de agosto de 2026

En el primer trimestre de 2022 las nuevas inversiones habían sido 38.80%. En 2015, 36.31%. En 2010, 33.80%.
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En el primer trimestre de 2026, México registró la mayor entrada trimestral de inversión extranjera directa de su historia: 23,591 millones de dólares. De cada cien dólares que entraron, 7.23 fueron inversiones nuevas. La reinversión de utilidades representó 94.20% del total, la proporción más alta desde 2010.
En el primer trimestre de 2022 las nuevas inversiones habían sido 38.80%. En 2015, 36.31%. En 2010, 33.80%.
Esa es la fotografía completa. Un récord contable construido con dinero que ya estaba aquí.
Las mismas semanas, el empleo formal manufacturero seguía cayendo en términos anuales y Ciudad Juárez terminaba de contabilizar más de 64,000 empleos manufactureros perdidos entre 2023 y 2025. Anuncios de inversión hubo. Empleo formal manufacturero nuevo, no.
El récord de IED es un récord de utilidades que no se fueron
En 2025 México captó 40,871 millones de dólares de IED, 10.8% más que en 2024. La composición importa más que el titular: 27,650 millones fueron reinversión de utilidades, es decir 67.7% del total; 5,844 millones cuentas entre compañías, 14.3%; y 7,378 millones nuevas inversiones, 18.0%. Estados Unidos aportó 15,877 millones, 38.8%.
La Ciudad de México concentró 22,381 millones: 54.8% del total nacional, con un crecimiento de 55.1% respecto al año anterior. Nuevo León recibió 3,628 millones, 8.9%. El Estado de México, 3,279 millones, 8.0%.
Que más de la mitad de la inversión extranjera de un país que se vende como plataforma manufacturera aterrice en su capital financiera dice algo sobre qué tipo de capital está llegando. Parte de esa concentración es un artefacto contable: la inversión se registra donde está la razón social, no donde está la nave. Pero incluso descontando el sesgo, el patrón es consistente con todo lo demás.
Reinvertir utilidades no es lo mismo que expandir capacidad. Se reinvierte para mantener una planta operando. Se invierte de nuevo para construir otra. La primera decisión no requiere contratar. La segunda sí. México está lleno de la primera.
Los analistas que siguen la serie lo dicen sin adornos: puede tratarse de dinero que se queda en el país pero no se convierte en maquinaria. Y cuando se les pregunta por qué, la respuesta se repite entre bancos y consultoras: falta claridad sobre las reglas del juego, faltan redes eléctricas, faltan carreteras y sobra incertidumbre comercial. Ninguna de esas cuatro cosas se arregla con un anuncio.
Lo que creció fue la intensidad, no la plantilla
El 30 de julio de 2026 había 22,760,154 puestos de trabajo registrados ante el IMSS. Ese mes se perdieron 19,550: la peor cifra para un julio desde que existe el registro, en 1998. En la variación anual por sector, transportes y comunicaciones crecía 7.5% y el sector extractivo 4.3%. La manufactura caía 0.7%. El agropecuario, 5.6%.
Hay un detalle en ese reporte que explica el artículo entero. Sin la incorporación de trabajadores de plataformas digitales al esquema formal, la pérdida de julio no habría sido de 19,550 puestos sino de 29,823.
Es decir: los trabajadores de plataformas aportaron 10.273 altas en el mes y explican por sí solos el 53% de la brecha entre lo que efectivamente se perdió y lo que se habría perdido sin ellos. Poco más de la mitad del amortiguador de julio no viene de una fábrica ni de una oficina. Viene de una aplicación, de un vehículo propio y de una jornada que el trabajador arma por su cuenta.
Esto no es una crítica a la reforma de plataformas, que resuelve un problema real de cobertura. Es una advertencia estadística. La serie de empleo formal mexicano de 2026 no es comparable con la de 2022 porque cambió lo que se cuenta. Quien lee la serie sin ajustar está comparando plantillas con turnos.
Y en el acumulado, la creación neta de enero a julio de 2026 fue de 243,078 puestos, con tres meses en rojo: enero, mayo y julio. Para una economía de veintidós millones de asegurados y con el discurso de relocalización más agresivo de la región, eso no es un boom laboral. Es una economía que se mantiene a flote.
Los parques se llenaron de metros cuadrados, no de nóminas
La vacancia industrial en los principales mercados del norte pasó de 1% en 2023 a 7% en 2025. Siete veces en veinticuatro meses.
La construcción industrial del ciclo 2022 fue especulativa. Se levantó sobre el supuesto de una relocalización asiática sostenida que no llegó al ritmo previsto. Quedó el inventario. Las empresas que sí evalúan mudar manufactura miran hoy la estabilidad del entorno comercial y la certeza jurídica con el mismo peso que la proximidad y el costo, y están retrasando decisiones de arrendamiento de largo plazo.
Al mismo tiempo, en varios parques del Bajío y de Nuevo León la ocupación supera 90% y la rotación en líneas de producción alcanza entre 40% y 60% anual.
Ese par de números, juntos, describe el modelo con precisión quirúrgica: naves llenas, gente que entra y sale. No se está construyendo carrera. Se está cubriendo turno. Un parque con 92% de ocupación y 50% de rotación anual no es una fuente de empleo estable; es una banda transportadora de personas.
La rotación tampoco es un problema de recursos humanos. Es un problema de P&L. Cada punto de rotación se paga en reclutamiento, en curva de aprendizaje, en scrap y en horas extra para cubrir el hueco. En una planta de manufactura ligera, ese costo suele superar el ahorro salarial que justificó instalarse en México.
El mapa se movió hacia el centro y nadie ajustó el discurso
Mientras la frontera se enfriaba, la absorción industrial del mercado de la Ciudad de México llegó a unos 620,000 metros cuadrados en el primer trimestre de 2026. El corredor que más creció no es el que aparece en las presentaciones de nearshoring. Es el que sirve al consumo interno mexicano: última milla, distribución, comercio electrónico, farmacéutica, alimentos.
Eso cambia por completo el perfil del empleo que se está creando. Un centro de distribución no contrata ingenieros de proceso ni técnicos de mantenimiento con carrera de diez años. Contrata operadores de almacén por temporada, con picos y valles, con jornadas partidas y con la rotación que implica.
El país está sustituyendo, sin decirlo, empleo manufacturero de exportación por empleo logístico de consumo interno. Los dos son empleo. No son el mismo empleo. El primero paga primas de antigüedad y capacitación técnica; el segundo paga por hora disponible.
Y explica por qué las dos series pueden moverse en direcciones opuestas: la ocupación de metros cuadrados industriales crece mientras el empleo manufacturero formal cae. No se están midiendo las mismas naves ni los mismos contratos.
Quien está armando su tesis de inversión sobre la premisa de que el metro cuadrado industrial ocupado predice contratación calificada tiene un problema de correlación. Esa relación se rompió en 2024 y no ha vuelto.
La restricción no es la demanda. Es el enchufe, la llave y la cama.
El 91% de las empresas instaladas en parques industriales mexicanos reporta dificultades de suministro eléctrico. El 40% reporta problemas con el gas natural.
Entre Querétaro y Guanajuato se cancelaron veinte proyectos por acceso a energía, con una pérdida estimada de 450 millones de dólares en inversión. En Querétaro, además, el déficit estructural de mano de obra especializada en construcción ronda 30%, lo que agrega alrededor de dos meses a los plazos de obra. La planta que no se puede construir a tiempo tampoco contrata a tiempo.
El agua endureció la ecuación desde otro lado. Seis estados fronterizos —Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas— arrastran sequía recurrente. Para una planta de alimentos, bebidas, química, papel o semiconductores, eso dejó de ser un tema de reporte de sustentabilidad. Es una restricción de capacidad instalada, y desde 2026 también un tema de permisos: el nuevo marco hídrico presiona a las empresas a usar sus concesiones o devolverlas.
Y hay una restricción que casi nunca aparece en las proyecciones macro: dónde duerme la gente. En Nuevo León hay unos 724,000 trabajadores con crédito Infonavit y alrededor de 23,400 viviendas en inventario. Treinta y un trabajadores por vivienda disponible. El precio de la vivienda en la zona metropolitana de Monterrey subió 10.9% solo en 2024, y el instituto estatal estima que se necesitan unas 28,000 viviendas al año.
Un parque industrial se construye en dieciocho meses. Una ciudad que aloje a sus operarios, no. Cuando la vivienda no alcanza, el trabajador viaja más, rota antes y la planta cubre el hueco con horas extra. Otra vez: turnos.
La frase que resume el ciclo la escribieron los propios desarrolladores. El nearshoring trajo capital. La infraestructura urbana llegó tarde.
Los aranceles convirtieron la decisión de invertir en una decisión de esperar
La revisión del T-MEC en 2026 y la política arancelaria estadounidense produjeron el efecto más caro posible para un plan industrial: no cancelación, sino pausa.
Ninguna empresa firma un contrato de arrendamiento industrial a diez años cuando el tratamiento arancelario de su producto puede cambiar en semanas. Firma a doce meses. Contrata por temporada. Subcontrata el pico de demanda. Corre un tercer turno en lugar de abrir una segunda planta. Reinvierte utilidades en mantenimiento en vez de comprometer capital nuevo.
Eso es exactamente lo que muestran las cifras de IED de 2026.
El nearshoring no se desinfló. Cambió de instrumento. Dejó de ser una decisión de capital y se volvió una decisión de programación de la producción. Y la programación no genera empleo formal de calidad. Genera disponibilidad.
El contraargumento honesto
Quien defiende el balance dirá, con razón, que 2026 no es un año de colapso sino de normalización.
La IED atribuida a nearshoring en 2025 fue de 21,251.8 millones de dólares, 39% más que el año anterior. Las nuevas inversiones de 2025 crecieron 133% contra 2024, aunque desde una base deprimida. Una vacancia industrial de 7% en el norte no es una crisis: un mercado con 1% de vacancia no es un mercado exitoso, es un mercado sin oferta, sin capacidad de negociación para el inquilino y sin espacio para que entre nadie nuevo. La normalización era necesaria.
También dirá que el nearshoring no murió: cambiaron los criterios de decisión. Hoy pesan la capacidad eléctrica firme, la seguridad hídrica, la fibra redundante, el talento técnico y la resiliencia climática. Los mercados del Bajío que resolvieron esa lista están capturando la demanda que el norte perdió. Eso es reasignación, no fracaso.
Y hay un argumento estructural serio: la manufactura puede perder empleo mientras gana producto. Automatizar una línea reduce plantilla y aumenta valor agregado por trabajador. Eso no es una falla industrial. Es un cambio de composición, y es el que han vivido todos los países que subieron en la cadena.
El problema es que el discurso público no prometió cambio de composición. Prometió empleo. Y un país donde el empleo manufacturero cae en términos anuales, donde una sola ciudad fronteriza perdió más de 64,000 puestos industriales en dos años y donde la estadística de empleo formal se sostiene con trabajadores de aplicaciones no está describiendo una transición hacia mayor valor agregado. Está describiendo una economía que absorbe capital sin absorber trabajadores.
Absorber capital sin absorber trabajadores tiene nombre técnico. Se llama renta. No se llama industrialización.
La consecuencia operativa
Si operas en México, deja de usar el monto de IED como indicador de demanda de talento. No lo es. Modela tu plan de contratación contra tres variables que sí se mueven juntas: capacidad eléctrica firme confirmada por escrito y con fecha, disponibilidad de agua en la cuenca donde vas a instalarte, y vivienda formal en un radio de treinta minutos de la planta. Si alguna de las tres falla, tu plan de plantilla se convertirá en un plan de turnos y tu costo real no será el salario. Será la rotación.
Si estás del lado de la política pública, el número que hay que perseguir dejó de ser el monto anunciado. Es la proporción de inversión nueva sobre el total. Pasó de casi 39% a 7.23% en cuatro años. Ese indicador mide si el país está construyendo capacidad o cobrando renta, y es el único que no se puede maquillar con una conferencia de prensa.
Y si eres inversionista industrial, la lectura de mercado es simple. El metro cuadrado ya no escasea. La subestación sí.
La mesa
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