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Trabajo · Santiago

El purgatorio del piloto: por qué la adopción de IA no aparece en los estados financieros

América Latina adopta inteligencia artificial por encima del promedio global y captura el 1,1% de la inversión mundial. La brecha no es de tecnología ni de talento.

8 min·13 ago·act. 22 ago

Daniel Pinto

Un medio de Interadia · Santiago·8 min·13 de agosto de 2026 · actualizada 22 de agosto de 2026

WA
Oficina y pantallas en una sala de trabajo
Adoptamos por encima de la media y financiamos por debajo de todo.

Hay dos números sobre inteligencia artificial en América Latina que conviene tener juntos.

47%Adopción regional

1,1%De la inversión mundial en IA

10%Escala más allá del piloto

La probabilidad no condicionada de que una iniciativa de IA cualquiera genere retorno medible en doce meses está por debajo del 5%.

Daniel Pinto

El primero: la región adopta IA a un ritmo cercano al 47%, por encima del promedio global de 45%. El estudio CIO Playbook 2026 de Lenovo va más lejos y sitúa al 84% de las empresas latinoamericanas en fase piloto o adopción activa, contra 77% a nivel global. El 97% de las organizaciones de la región planea aumentar su inversión.

El segundo: la región captura alrededor del 1,1% de la inversión global en inteligencia artificial.

Adoptamos por encima de la media y financiamos por debajo de todo. Eso no es una contradicción; es la descripción exacta de un mercado que consume IA como servicio y no la produce.

El purgatorio

El número que realmente importa no es cuántas empresas adoptaron IA. Es cuántas iniciativas llegaron a producción.

Ahí las cifras se vuelven duras. Un estudio de MIT Sloan Management Review encontró que sólo el 10% de las empresas logra escalar sus iniciativas de IA más allá del piloto. El informe State of AI 2026 de Deloitte identifica el mismo cuello de botella con otra métrica: globalmente, sólo una de cada cuatro organizaciones consigue llevar más del 40% de sus iniciativas de IA a producción.

En la región, datos de Intel e IDC indican que el 58% de las organizaciones latinoamericanas están moviendo iniciativas desde la idea hacia etapas de desarrollo y producción. Es un avance real respecto de años anteriores, pero "moviendo hacia" no es lo mismo que "en producción, con dueño y con presupuesto".

IDC proyecta que el mercado de IA en América Latina crecerá a una tasa compuesta cercana al 30% anual hasta 2027, llegando a unos 6.000 millones de dólares. Es un mercado que crece rápido sobre una base chica.

Por qué se quedan atascadas

La explicación cómoda es que falta talento. Es parcialmente cierta y completamente insuficiente.

La explicación real, en la mayoría de los casos que uno ve de cerca, es más simple y más incómoda: el proyecto de IA no tiene dueño en el estado de resultados.

Un piloto de IA típicamente nace en un área de tecnología o innovación, se financia con un presupuesto de exploración, y demuestra que la tecnología funciona. Eso es exactamente lo que estaba diseñado para hacer. El problema es que "la tecnología funciona" no es un criterio de decisión para nadie que tenga responsabilidad sobre un P&L. La pregunta de quien firma el presupuesto operativo es otra: qué línea se mueve, cuánto, y quién responde si no se mueve.

Cuando no hay respuesta a esas tres preguntas, el piloto no se cancela —cancelarlo sería reconocer algo— sino que entra en el estado que la industria llama, con precisión notable, proof of concept eterno.

El dato sobre las personas que nadie está usando

Hay un hallazgo de un estudio de WeWork y PageGroup que merece más atención de la que recibió: el 97% de los colaboradores en la región quiere capacitarse en IA, y la mayoría de las empresas todavía no ofrece programas formales.

Un 97% de demanda interna insatisfecha es una anomalía. En cualquier otra categoría de capacitación corporativa, la queja habitual es la contraria: la empresa ofrece formación y nadie la toma.

Las organizaciones que están resolviendo esto no están esperando a las universidades. Están armando academias internas para nivelar conocimiento en equipos no técnicos, que es donde está el cuello de botella real. La adopción de IA en una empresa no la decide el equipo de datos; la decide si la persona de finanzas, la de legal y la de operaciones saben qué pedirle a la herramienta.

El indicador de madurez que sugiero

Si tuviera que reducir todo esto a una sola métrica reportable a directorio, sería esta: porcentaje de iniciativas de IA en producción con dueño identificado en el estado de resultados y línea presupuestaria de operación, no de proyecto.

No es elegante. Es la única que distingue una capacidad organizacional de una demostración técnica.

Y sirve para calibrar expectativas. Colombia ofrece un contraste útil: sólo el 22% de las empresas invierte de manera sistemática, mientras un 29% experimenta sin dirección clara. Ese 29% es el grupo que en dos años va a concluir que "la IA no funcionó", cuando lo que no funcionó fue el diseño del programa.

Una advertencia sobre las cifras de ROI

El mercado está lleno de estadísticas de retorno que conviene leer con distancia. Circulan cifras de 3,7x por dólar invertido, de 340% de retorno a 18 meses, de 5,8x a 14 meses. Vienen de encuestas de autorreporte, con sesgo de supervivencia evidente: las empresas cuyos proyectos fracasaron no responden encuestas sobre el ROI de sus proyectos.

Un dato más honesto, de Forrester: el 44% de los proyectos de IA que llegan a producción logra ROI positivo en doce meses.

Léase con cuidado la condición: de los que llegan a producción. Si sólo el 10% escala más allá del piloto, y de ese 10% el 44% da retorno positivo en un año, la probabilidad no condicionada de que una iniciativa de IA cualquiera genere retorno medible en doce meses está por debajo del 5%.

Ese es el número real. Y no es un argumento para no hacer IA. Es un argumento para hacer menos pilotos y llevar más cosas a producción.

Daniel Pinto escribe sobre industria, energía y capital para We Are Vander. Cierre de datos: 22 de agosto de 2026.

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