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Contra la corriente

Contra · São Paulo

El venture capital no es financiamiento. Es un producto financiero con opinión.

Un fondo no compra tu empresa. Compra una probabilidad. Y esa probabilidad viene con una forma obligatoria: la tuya tiene que caber en ella, o el dinero te destruye por dentro.

11 min·4 ago

Daniel Pinto

Opinión firmada · São Paulo·11 min·4 de agosto de 2026

WA
Capital de riesgo
El venture capital es un producto financiero con opinión.

Un fondo no gana con el promedio. Gana con la cola. Y esa es toda la opinión que trae el dinero.

Daniel Pinto

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Un fondo de capital de riesgo tiene una vida de alrededor de diez años, cobra una comisión de gestión anual sobre el capital comprometido y se queda con una participación de las ganancias. Ese es el aparato. Todo lo demás —la tesis, el deck del fondo, la conversación sobre valores compartidos— cuelga de ahí.

Lo que ese aparato produce es una obligación matemática. Los inversionistas institucionales que ponen el dinero en un fondo de riesgo no lo hacen para obtener un rendimiento razonable. Lo hacen porque están renunciando a liquidez por una década en un activo sin mercado secundario confiable. A cambio exigen un múltiplo. La referencia de un fondo exitoso es alrededor de 3x neto. Un fondo que devuelve 1,8x no perdió dinero. Fracasó.

Ahora la parte que casi nunca se dice en voz alta frente a un fundador. Alrededor de 65% de las inversiones de riesgo no devuelven ni el capital invertido. Menos de 4% entregan diez veces o más. En los fondos que efectivamente llegan a 5x, la mejor compañía del portafolio promedia alrededor de 90x y la segunda alrededor de 25x; el resto del portafolio, en conjunto, apenas empata.

Un fondo no gana con el promedio. Gana con la cola. Y esa es toda la opinión que trae el dinero.

El agregado confirma lo que la distribución anticipa. Según datos de Carta sobre las cosechas 2017 a 2022, el múltiplo mediano de valor total sobre capital aportado se mantuvo por debajo de 1,5x. La mediana de la industria apenas supera el punto de equilibrio después de comisiones. El índice lo levanta el decil superior.

El fondo no necesita que tu empresa funcione. Necesita que pueda ser gigante.

De esa aritmética se sigue una consecuencia que suena brutal pero es simplemente descriptiva: para el fondo, una compañía que se estabiliza en treinta millones de dólares de ingreso con 25% de margen y crece 20% al año es indistinguible de un fracaso. No devuelve el fondo. Ocupa una casilla del portafolio, consume atención del socio y bloquea capital reservado para seguimiento.

Para el fundador, esa misma compañía puede ser el mejor activo de su vida.

Los dos tienen razón. No es un conflicto de honestidad. Es un conflicto de distribución de retorno. El fondo está obligado a empujar a cada compañía hacia la cola derecha porque su modelo de negocio no tiene otra forma de existir. Empujar implica cosas concretas: contratar antes de tiempo, abrir países antes de tener la unidad económica, aceptar preferencias de liquidación que reordenan quién cobra primero, y levantar una ronda más grande a una valuación más alta porque la valuación alta de hoy es la que justifica el modelo de la valuación aún más alta de mañana.

Si tu compañía pertenece a la clase de negocios donde eso funciona, el empuje es un servicio. Si no pertenece, el empuje es el mecanismo de destrucción.

La cosecha 2021 todavía no devolvió el dinero

Esto no es una hipótesis. Es un estado de cuenta.

Los fondos de la cosecha 2021 llevan un DPI de 0,05x —es decir, han distribuido cinco centavos por cada dólar comprometido—, el múltiplo de distribución a cinco años más bajo de lo que va de siglo. Al mismo tiempo, la tasa interna de retorno de un año del capital de riesgo se ubica en 17,1%, de las más altas de cualquier estrategia de capital privado.

Esas dos cifras juntas son el diagnóstico completo. El valor existe en la planilla. No existe en la cuenta bancaria del inversionista. Desde 2022, el flujo de caja neto hacia los inversionistas institucionales acumula 202.000 millones de dólares negativos: llamaron más capital del que devolvieron, año tras año, mientras el valor contable de los portafolios seguía subiendo.

Y cuando hay liquidez, se concentra. En 2026, cuatro compañías concentran 93,5% del valor total de salidas del año.

La consecuencia práctica para la región es directa. Un inversionista institucional que no recibe distribuciones no puede reciclar hacia gestores nuevos, ni diversificar entre cosechas, ni sostener exposición a mercados emergentes. El capital que financia al fundador latinoamericano no se secó por falta de fe en la región. Se secó porque el eslabón anterior de la cadena no cobró.

En la región, el embudo se cerró antes y más fuerte

Entre 2021 y el primer semestre de 2025, se levantaron 41.600 millones de dólares para estrategias de capital privado dedicadas a América Latina. El capital de riesgo se llevó 9.400 millones, 23% del total. Private equity, 27%. Infraestructura y recursos naturales, 24%. Crédito privado, 24%. El VC dejó de ser el protagonista de la recaudación regional y pasó a ser una cuarta parte de ella.

Adentro del VC, la concentración es más severa que el titular. En 2020, los gestores con seis fondos o más de trayectoria capturaban 61% del capital levantado en la región. En 2022, 80%. En el primer semestre de 2025, 88%.

Ese número explica el mercado mejor que cualquier encuesta de sentimiento. No es que no haya fondos nuevos: entre 2021 y mediados de 2025 hubo 231 gestores levantando en la región, 174 de ellos en capital de riesgo. Es que casi todo el dinero fue a los mismos de siempre. El gestor emergente que iba a financiar la tesis rara, el sector poco de moda o la ciudad que no es São Paulo ni Ciudad de México es exactamente el que se quedó sin combustible.

Del lado de las salidas, 2025 fue mejor de lo que se recuerda y peor de lo que parece. Las salidas de compañías respaldadas por capital de riesgo sumaron 4.900 millones de dólares, un alza de 172% frente a 2024, repartidas en 63 transacciones. Pero las dos operaciones más grandes concentraron cerca de 48% del valor divulgado. Y los secundarios —vender la participación a otro fondo, no a un comprador estratégico ni al mercado público— representaron 27% de esa liquidez. En el conjunto del capital privado regional, los secundarios llegaron a un récord de 28% del valor transado en el primer semestre de 2025.

Vender tu posición a otro financiero no es una salida. Es un cambio de asiento contable. Es liquidez para un fondo, no creación de valor para el sistema.

La concentración se repite del lado de la inversión: las diez rondas más grandes de 2025 sumaron 1.229 millones de dólares, cerca de 30% de todo el capital de riesgo desplegado en la región ese año, sobre un total de 4.126 millones en 681 rondas. El ticket promedio subió a 6,1 millones. El número de operaciones fue el más bajo desde 2017.

Más dinero por operación, menos operaciones. Ese es un mercado que se está volviendo más selectivo y más caro de entrar al mismo tiempo.

El reloj del fondo nunca fue el reloj de tu empresa

Un fondo tiene una vida de alrededor de diez años y un período de inversión mucho más corto. Eso significa que una compañía que recibe capital en el año siete del fondo está operando dentro de un vehículo que ya está pensando en liquidar. No es maldad. Es calendario.

El problema es que el calendario del mercado se estiró y el del fondo no.

En la región, el tiempo promedio para cerrar una ronda desde la anterior se ubica entre 12,0 y 20,3 meses en Serie A, entre 15,2 y 20,0 meses en Serie B, y entre 13,6 y 23,7 meses en Serie C en adelante, según la cosecha. Los rangos superiores corresponden a los años recientes. Un ciclo que se asumía de dieciocho meses hoy puede tomar el doble.

Al mismo tiempo, las tasas de graduación entre etapas se comprimieron. Para las cohortes entre 2019 y 2022, la conversión a dos años de semilla a Serie A osciló entre 16% y 50%; de Serie A a Serie B, entre 8% y 41%; de Serie B a Serie C, entre 3% y 35%. Los extremos bajos de cada rango son los años recientes.

Y el volumen que sostiene todo eso se redujo. Según la serie de LAVCA, que es más amplia que la de los conteos de rondas anunciadas y por eso arroja totales más altos, la inversión de capital de riesgo en la región pasó de 16.000 millones de dólares en 981 operaciones en 2021 a 9.300 millones en 1.201 operaciones en 2022, 4.200 millones en 836 en 2023 y 4.600 millones en 765 en 2024. En el primer semestre de 2025 fueron 1.800 millones en 316 operaciones.

Nótese el detalle: 2022 tuvo más operaciones que 2021 con casi la mitad del capital. Eso es un mercado que se estaba llenando de compañías financiadas para un ciclo que ya no existía.

La combinación es la trampa. Rondas que tardan más en cerrar, menos compañías que gradúan, fondos con el mismo horizonte de siempre. El fundador que necesita veinticuatro meses tiene un inversionista que necesita salir en dieciocho. Ese desalineamiento no se resuelve con buena relación personal. Es estructural, y se resuelve por la vía en que se resuelven estas cosas: con una venta apurada, un secundario a descuento o un cierre.

Hay una consecuencia de composición además. En 2025, el fintech concentró 29% de las operaciones de la región y 61% del capital. Un fondo regional que quiere devolver su fondo tiene que pescar en el estanque donde están los tickets grandes. Y el estanque donde están los tickets grandes es cada vez más uno solo.

Hay dinero en la región. Simplemente no es este dinero.

Mientras el VC regional se comprimía, otra cosa creció sin conferencia propia.

El capital invertido en crédito privado en América Latina pasó de alrededor de 2.200 millones de dólares en 21 transacciones en 2018 a 9.700 millones en 215 transacciones entre enero y septiembre de 2025. La distribución geográfica no se parece a la del VC: México 25%, Brasil 21%, Colombia 20%, Chile 12%. Los rendimientos en efectivo de algunas operaciones superan 20% anual, sobre compañías con márgenes EBITDA de 40% a 60%.

Y sin embargo el crédito privado sigue siendo menos de 1% del crédito corporativo de la región. En 2025 se levantaron unos 800 millones de dólares para estrategias de crédito privado latinoamericanas, contra 356.000 millones a nivel global. La región concentra 7% del PIB mundial y menos de 1% de esa recaudación. La brecha anual de financiamiento para desarrollo —infraestructura, transición energética, logística, inversión corporativa— se estima en 650.000 millones de dólares.

Eso es un mercado sin atender, no un mercado sin dinero.

En el extremo más chico, el financiamiento basado en ingresos ya opera a escala sobre canales que ningún fondo de riesgo tocaría directamente. R2 presta a través de plataformas —inDrive, Uber Eats, Rappi, PayU, Haulmer— en México, Chile, Colombia, Perú y Brasil, y ha atendido a más de 100.000 micro y pequeños negocios. El crédito se descuenta del flujo que la plataforma ya cobra. No hay garantía real, no hay estados financieros auditados, no hay dilución.

Ese instrumento no le sirve a una compañía que necesita quemar cien millones para construir una red. Le sirve perfectamente a una que factura, cobra y quiere crecer sin vender una parte de sí misma.

El contraargumento: la cola derecha es el producto, y funciona

Quien defiende el capital de riesgo dirá que todo lo anterior describe el modelo correctamente y luego lo acusa de ser lo que es.

Es cierto. El VC nunca prometió ser financiamiento general. Prometió financiar la clase específica de empresa que no puede existir de otra manera: la que requiere pérdidas grandes y sostenidas por adelantado para construir un activo con retornos crecientes. Ninguna otra estructura de capital tolera eso. El crédito exige flujo desde el mes uno. El capital propio del fundador no alcanza. El private equity compra rentabilidad existente, no la financia desde cero.

Dirá además que los DPI deprimidos de una cosecha son un problema de ventana de salida, no de modelo, y que el valor contable eventualmente se convierte. Puede tener razón. También puede no tenerla, y eso solo se sabrá en 2030.

Lo que está incompleto es la parte donde ese producto financiero se presentó, durante una década y en toda la región, como la vía normal de financiar una empresa. No lo es. Es un instrumento de nicho, con una distribución de retorno extrema, diseñado para un porcentaje muy pequeño de las compañías que lo terminaron tomando.

La consecuencia operativa

Antes de firmar un term sheet, hay tres preguntas que se contestan con números, no con intuición.

Una: ¿cuánto tiene que valer tu compañía para devolver sola el fondo que te está invirtiendo? Averigua el tamaño del fondo, mira qué porcentaje van a tener al final después de dilución y haz la división. Si el resultado es una valuación de salida que no puedes describir con un comparable real en tu sector y tu geografía, el fondo va a empujarte hacia ahí igual, y lo va a hacer con tu caja.

Dos: ¿tu costo marginal baja con el volumen? Si la respuesta es no, el capital de riesgo no está comprando una ventaja competitiva. Está comprando tiempo, y hay instrumentos más baratos para comprar tiempo.

Tres: ¿qué instrumento corresponde a lo que realmente necesitas financiar? Capital de trabajo se financia con crédito. Inventario, con crédito. Adquisición de clientes con retorno medible en meses, con financiamiento basado en ingresos. Investigación y desarrollo sin ingreso, con equity. Confundir la categoría es el error más caro y el más común.

Y si después de esas tres preguntas el capital de riesgo sigue siendo el instrumento correcto, tómalo sin culpa. Solo tómalo sabiendo qué compraste.

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