Saltar al contenido

Ideas · Bogotá

Todos quieren ser plataforma. Casi nadie tiene demanda.

El modelo marketplace exige densidad de demanda. La demanda latinoamericana vive en un puñado de códigos postales. La aritmética no perdona y la región lleva una década pagándola.

9 min·19 ago

Team Vander

Un medio de Interadia · Bogotá·9 min·19 de agosto de 2026

WA
Reforma, Ciudad de México
La plataforma sin demanda es un deck.

Y lo logró en su ciudad más densa, en su país de origen, después de haberse retirado o achicado en varios mercados donde la aritmética no daba.

Daniel Pinto

.

La app de delivery más grande de Colombia mueve más de ocho millones de entregas al mes. Sus usuarios activos mensuales en el país son alrededor de 1.4 millones. Son casi seis pedidos por usuario por mes.

Ese cociente es todo el negocio. No la tecnología, no la marca, no la app. La frecuencia por usuario dentro de un radio geográfico acotado es lo que permite que un repartidor haga tres entregas en el mismo viaje en vez de una, y esa es la diferencia entre un modelo que funciona y uno que quema capital hasta cerrar.

Con esa densidad, la compañía facturó en Colombia 767.316 millones de pesos en 2025, contra 703.114 millones el año anterior, y ganó 210.176 millones, 116% más que los 97.250 millones de 2024. Antes de eso acumuló alrededor de 1,2 billones de pesos en pérdidas hasta 2023. Le tomó cerca de siete años y una cantidad de capital que ningún fondo volvería a poner hoy.

Y lo logró en su ciudad más densa, en su país de origen, después de haberse retirado o achicado en varios mercados donde la aritmética no daba.

Una plataforma no es un modelo de negocio. Es una condición de densidad.

La confusión regional es de categoría. "Plataforma" se usa como sinónimo de "software que conecta a dos partes". No es eso. Una plataforma es un negocio donde el costo marginal de servir al usuario número mil en una zona es menor que el de servir al número cien, porque los dos lados del mercado se saturan mutuamente.

Ese efecto tiene un umbral. Por debajo del umbral, cada transacción cuesta más de lo que deja: el repartidor viaja vacío, el vendedor no encuentra comprador, el comprador no encuentra surtido y hay que subsidiar los dos lados al mismo tiempo. Por encima del umbral, el mismo mecanismo se invierte y se vuelve muy difícil de atacar.

El error no es querer ser plataforma. El error es asumir que el umbral se alcanza con capital. El capital compra tiempo mientras se llega al umbral. No lo mueve.

En Estados Unidos o en China el umbral se alcanza en decenas de ciudades. En América Latina se alcanza en tres o cuatro, y en ninguna de ellas de manera uniforme.

La demanda latinoamericana vive en muy pocos lugares. Los institutos de estadística lo dicen sin eufemismos.

Brasil tiene 5.570 municipios. En 2023, según el IBGE, diez de ellos concentraban 24.5% del PIB nacional, y la ciudad de São Paulo sola llegaba a 9.7%. Un cuarto de la economía brasileña ocurre en el 0,18% de sus municipios.

México tiene 32 entidades federativas. Según el INEGI, once concentran dos tercios de la riqueza nacional: 66.7% del PIB a precios básicos en 2024. La Ciudad de México aporta 15%, el Estado de México 9.1% y Nuevo León 8.1%.

Colombia es todavía más extremo. Con datos de 2025, el DANE reporta que Bogotá aporta 25% del PIB, Antioquia 15% y Valle del Cauca 10%. Tres jurisdicciones producen la mitad del país.

Esas cifras no son una curiosidad geográfica. Son el mapa exacto de dónde una plataforma puede existir y dónde no. Un marketplace horizontal que necesita saturar la demanda para bajar su costo unitario tiene, en la práctica, un mercado direccionable que es una fracción del mercado nominal del país. El resto del territorio no es "expansión pendiente". Es territorio donde el modelo no cierra a ningún precio, y el pitch deck que promete cobertura nacional está prometiendo pérdidas nacionales.

La consecuencia para el plan financiero es directa. La curva de contribución por ciudad no es una S suave. Es un escalón. Las primeras dos o tres ciudades pueden ser rentables y las siguientes veinte pueden no serlo nunca, con el mismo producto y el mismo equipo.

Los que intentaron densidad sin densidad ya cerraron y dejaron el recibo.

La plataforma colombiana de abastecimiento mayorista para restaurantes y tiendas de barrio levantó US$271 millones de fondos como SoftBank, Tiger Global, Monashees, Lightspeed y DST Global. Llegó a servir a 80.000 restaurantes con 900 empleados en tres países. Suspendió operaciones en Colombia y México en febrero de 2024 y cesó en Brasil en agosto de 2025, con su última entrega el 30 de julio de ese año.

Las razones que se le atribuyen son las de siempre y por eso importan: costos logísticos altos, presión por crecer, competencia de jugadores más grandes y dependencia de rondas continuas para sostener el modelo. Traducido: nunca alcanzó el umbral de densidad en ninguna de sus tres geografías, y el capital fue el respirador, no el tratamiento.

El supermercado digital colombiano que fue pionero de la categoría cerró operaciones en su país el mismo año, después de una década.

Los dos tenían buen producto. Los dos tenían capital de primer nivel. Los dos operaban en países donde la demanda que necesitaban estaba concentrada en una sola ciudad y ellos habían prometido tres países.

La plataforma que sí funciona dejó de vivir de la comisión.

Acá está el giro que casi nadie incorporó al modelo financiero. Las plataformas que ganaron en la región ya no obtienen su margen del take rate. Lo obtienen de la publicidad, del crédito y de la logística que corre encima del mismo tráfico.

El retail media es la categoría publicitaria de mayor crecimiento de América Latina. Pasó de representar 8% de la inversión digital regional en 2024 a una proyección de 15% en 2028, con un crecimiento anual cercano a 28% entre 2025 y 2028, contra 12% del digital en conjunto. En dólares, de alrededor de US$1.800 millones en 2024 a un rango estimado de US$5.000 a US$5.450 millones en 2028. Brasil y México concentran 81% de esa inversión. Un solo jugador regional se lleva más de la mitad.

Eso significa que el activo monetizable no es la transacción. Es la intención de compra, capturada antes de la transacción, y vendida al mismo vendedor que ya paga comisión. Es un segundo peaje sobre el mismo puente.

La implicancia para cualquier compañía que se defina como plataforma es dura. Si tu única fuente de ingreso es el take rate, no sos una plataforma madura: sos un intermediario con costos de intermediario. Y competís contra actores que pueden bajar su comisión a cero porque ya cobran en otra parte.

Las ciudades viables ya tienen dueño, y el dueño no es local.

Hay un supuesto tácito en casi todo plan de plataforma regional: que las ciudades densas están disponibles. No lo están.

La concentración del retail media lo muestra con crudeza. Brasil y México absorben 81% de toda la inversión regional de la categoría, y dentro de ese total un solo jugador regional se lleva más de la mitad. El competidor global más grande del mundo en comercio electrónico ronda apenas 5% de participación regional en esa categoría. Las tasas de crecimiento de 2024 fueron de 42% en Brasil y 40% en México, contra un promedio global de 20%.

Lo que esos números describen no es un mercado en formación. Es un mercado que ya se asignó. Las tres o cuatro ciudades donde el modelo plataforma cierra son también las ciudades donde el incumbente regional lleva veinte años acumulando tráfico, datos de intención y capacidad logística. Entrar ahí no es entrar a un espacio vacío: es entrar a pelear por el metro cuadrado más caro de la región contra alguien que ya lo amortizó.

Esto invierte el orden clásico de expansión. El manual dice: empezá por la ciudad grande, probá el modelo, después replicá. En América Latina la ciudad grande es la más disputada y la única donde el modelo funciona. La replicación posterior es hacia mercados donde no funciona. Es un plan de expansión que empeora la economía unitaria en cada paso.

Hay una alternativa que casi nadie escribe en un deck porque suena poco ambiciosa: empezar por la segunda ciudad. Es más chica, tiene menos competencia por el mismo repartidor y el mismo vendedor, y permite alcanzar participación dominante local con una fracción del capital. El techo es más bajo. La probabilidad de existir en cinco años es mucho más alta.

La región tiene muy pocos ejemplos de esa jugada, y no porque no funcione. Porque el capital que financiaba plataformas premiaba el tamaño del mercado direccionable declarado, no la probabilidad de capturarlo.

El repliegue a inventario propio o a vertical no es una derrota. Es una corrección de aritmética.

Cuando una compañía regional abandona el modelo asset-light y compra inventario, o cierra su marketplace abierto y se enfoca en una categoría, la prensa del ecosistema lo lee como retroceso. Es exactamente al revés.

El modelo de inventario propio no necesita densidad de oferta ni de demanda simultánea. Necesita rotación. Es un negocio de compras, de capital de trabajo y de surtido, con márgenes conocidos desde hace un siglo y con la ventaja de que funciona igual en una ciudad de doscientos mil habitantes que en una de veinte millones.

El modelo vertical no necesita saturar un mapa. Necesita profundidad de flujo de trabajo dentro de un tipo de cliente. El umbral de rentabilidad es de participación en la categoría, no de participación en el territorio.

Ambos son peores negocios en el escenario en que la densidad existe. Ambos son negocios reales en el escenario que efectivamente existe en la mayor parte de América Latina.

Contraargumento honesto: la densidad se construye, no se hereda.

Alguien va a decir, con argumentos, que esta tesis es determinista. Que la densidad no es un dato fijo de la geografía sino un resultado del propio negocio: si el producto es bueno, aumenta la frecuencia, y si aumenta la frecuencia, la densidad aparece donde antes no estaba. Que en 2015 nadie hubiera dicho que Bogotá soportaba ocho millones de entregas mensuales, y hoy las soporta.

Es cierto. Y sigue estando incompleto por una razón de plazo.

Construir densidad tarda años y cuesta lo que costó: casi siete años de pérdidas acumuladas para una compañía y el cierre para las otras dos que intentaron lo mismo con menos suerte y peor timing. El argumento "la densidad se construye" es válido a diez años y falso a tres. La mayoría de los planes de negocio de la región está escrita a tres.

Y hay una asimetría más incómoda. La densidad que se construye se construye una vez, en el mercado más denso, por el primero que llega con capital suficiente. El segundo no construye densidad: paga el precio de intentarlo contra alguien que ya la tiene. En un mercado con tres o cuatro ciudades viables, no hay lugar para tres o cuatro intentos.

Consecuencia operativa

Si estás evaluando un modelo de plataforma en la región, tres números deberían estar arriba del deck, antes de cualquier proyección.

El primero es frecuencia por usuario por mes en tu ciudad núcleo. Si no llega a un nivel que permita agrupar operaciones en el mismo viaje o en el mismo lote, no tenés plataforma. Tenés un servicio a domicilio caro.

El segundo es contribución por ciudad, calculada por separado y sin promediar. El promedio nacional oculta que la ciudad uno subsidia a las ciudades cinco a veinte. Cuando el capital deja de fluir, esa distinción decide qué compañías siguen existiendo.

El tercero es la proporción de tu ingreso que no proviene de la comisión. Si es cero, tenés un problema estructural de margen que ningún volumen adicional va a resolver, porque el volumen adicional viene de las ciudades que menos densidad tienen.

Y una decisión, no un número: si tu mercado real son tres ciudades, decilo. Un negocio rentable en tres ciudades es un buen negocio. Un negocio deficitario en veinte es un pasivo con landing page.

La mesa

Comentar esta nota

Un comentario corto, como en una mesa de redacción. Si querés, Grok se sienta y responde con lo que dice la nota — no con lo que inventaría.

  1. Todavía nadie se sentó. La mesa está vacía.

Boletín

Un mail. Cero feed.

Team Vander resume la semana: México, Brasil, Argentina, Colombia, Chile, Perú.We Are Vander. We Love Business.