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Ideas · Ciudad de México

El precio es la única decisión que nadie discute en un directorio.

Se discute la nómina. Se discute el capex. Se discute la campaña. El precio se hereda del año anterior con un ajuste por inflación y una tabla de descuentos que nadie audita. Es la palanca de rentabilidad más grande de la región y la peor gestionada.

10 min·22 ago

Daniel Pinto

Un medio de Interadia · Ciudad de México·10 min·22 de agosto de 2026

WA
Mesa de directorio
El precio es la decisión que nadie discute.

Un punto porcentual de precio.

Según un estudio clásico de McKinsey sobre las 1.200 empresas más grandes del mundo, citado por la consultora de pricing Prexus, un incremento de 1% en el precio genera una mejora de 11% en la utilidad operacional. Las otras palancas, con una mejora equivalente de 1%, rinden mucho menos: costo variable 7%, volumen 4%, costos fijos 3%.

Cuanto más delgado el margen, más apalancado está el precio.

Daniel Pinto

Prexus replicó el ejercicio sobre veinte sectores económicos colombianos y obtuvo un efecto todavía mayor: 1% de precio equivale a 14% de utilidad operacional, contra 10% del costo variable, 4% del volumen y 3% de los costos fijos. El motivo es aritmético y no tiene misterio: el margen operacional promedio colombiano ronda 7%, contra 9% a nivel mundial. Cuanto más delgado el margen, más apalancado está el precio.

Y en los sectores de márgenes bajos —comercio minorista, alimentos— un aumento de 1% en precio puede mejorar la utilidad operacional hasta 37%.

Treinta y siete por ciento. Por un punto.

Ahora contá cuántas horas de tu último directorio se dedicaron a la lista de precios. Contá cuántas se dedicaron a reducción de costos.

La región no tiene una inflación. Tiene diecinueve.

La conversación regional sobre precios se rompe apenas se abre el mapa.

A julio de 2026, la inflación interanual en América Latina iba de la deflación de Costa Rica, en -0,28%, hasta 576% en Venezuela. En el medio: Argentina 33,80%, Cuba 18,27%, Colombia 6,03%, Honduras 5,58%, República Dominicana 5,47%, Bolivia 4,93%, Brasil 4,44%, Uruguay 4,27%, Perú 4,07%, Nicaragua 4,00%, Chile 3,50%, México 3,12%, Guatemala 2,70%, El Salvador 2,49%, Panamá 1,80%, Paraguay 1,60% y Ecuador 1,39%.

México marcó su cifra más baja desde mayo de 2020. Argentina sigue arriba de treinta, entre los países más inflacionarios del mundo.

Una compañía que opera en cinco de esos mercados no tiene un problema de precios. Tiene cinco. En Argentina, el problema es defender margen real contra una moneda que se mueve más rápido que el ciclo de facturación. En Costa Rica, el problema es que subir precio en un contexto de precios cayendo es visible y costoso. En México y Ecuador, con inflación baja, cada punto de precio es una negociación real con el cliente, no una actualización automática.

Y sin embargo, la práctica dominante en compañías regionales sigue siendo una lista de precios central con ajustes por tipo de cambio y una política de descuentos idéntica en todos los países. Es el mismo error que se comete con la estructura de personal cuando se confunde presencia regional con operación regional: se replica un modelo y se le llama estrategia.

La inflación baja no es una buena noticia para el área comercial. Es el fin de la excusa. Durante quince años, muchas empresas de la región subieron precios sin decidir nada: la inflación decidía por ellas y el cliente lo aceptaba como fenómeno natural. Con inflación de 3%, subir 8% requiere argumento, evidencia de valor y disposición a perder algunas cuentas. Requiere, en una palabra, pricing.

Anunciar un aumento no es cobrarlo

Aquí está el dato que debería incomodar más a cualquier director general de la región.

El Global Pricing Study de Simon-Kucher, con más de 2.200 líderes empresariales en 28 países y 39 industrias, encontró que implementar un cambio de precio es apenas el primer paso: las empresas realizan, en promedio, menos de la mitad del monto de sus aumentos de precio.

Menos de la mitad.

Se anuncia 10% y se cobra menos de 5%. La diferencia no se pierde en el mercado. Se pierde adentro: en la excepción que aprueba el gerente comercial para cerrar el trimestre, en el descuento por volumen que nadie recalculó cuando cambió el costo, en el plazo de pago extendido que es un descuento financiero disfrazado, en la promoción que se prometió por un mes y lleva dos años, en el flete bonificado, en la nota de crédito de fin de año.

Ese conjunto tiene nombre en la disciplina: es la diferencia entre el precio de lista y el precio de bolsillo. En la mayoría de las compañías latinoamericanas medianas, nadie es dueño de ese número. El área comercial es dueña del volumen. Finanzas es dueña del margen agregado. El precio real por cliente y por producto no le pertenece a nadie, y por eso se erosiona sin que nadie tenga que firmar la erosión.

El mismo estudio encontró que las empresas siguen viendo el volumen de ventas como el principal motor de sus ganancias en los próximos veinticuatro meses. Es decir: la evidencia dice que el precio rinde el triple que el volumen, y la mayoría de los directorios sigue optimizando volumen.

El descuento es una decisión de precio que nadie firma

El comercio minorista mexicano ofrece la ilustración más limpia de esto, porque publica sus números.

El Hot Sale 2026 proyectó cerrar entre 47.000 y 52.000 millones de pesos, contra 42.725 millones en 2025: más de 23% de crecimiento. Los primeros días mostraron pedidos creciendo 49% y ventas 55% frente al año anterior. Participaron más de 1.500 tiendas, contra 1.403 en 2025.

Todo eso suena excelente hasta que se mira el ticket. El ticket promedio por artículo rondó los 1.100 pesos, con cerca de dos artículos por compra y un ticket general del orden de 1.660 pesos según datos de Tiendanube. Prácticamente el mismo que en 2025.

Más carritos. Misma canasta. Con más tiendas compitiendo por el mismo consumidor.

Daniel Morimoto, vicepresidente de Circana, resumió el fenómeno en una frase que debería estar impresa en las salas de comité comercial de la región: más promociones no generan necesariamente más consumo; generan más compras estratégicas.

El consumidor aprendió el calendario. Sabe cuándo baja el precio y espera. En Brasil el efecto ya está más avanzado: el calendario de fechas dobles —3/3, 4/4, 5/5, 6/6— fragmentó la promoción hasta el punto de que el evento del 3 de marzo superó al Black Friday de noviembre. Cuando cada mes tiene su fecha de descuento, el descuento deja de ser un evento y pasa a ser el precio.

Eso no es una campaña de marketing. Es una reducción permanente de precio ejecutada en cuotas mensuales, aprobada por nadie en particular, sin una sola línea en el acta del directorio.

Donde el Estado fija el precio, el precio se muda de lugar

La región también tiene la variante regulada del problema, y conviene mirarla sin ideología.

En México, el Paquete Contra la Inflación y la Carestía es un acuerdo voluntario entre gobierno e iniciativa privada, vigente desde 2022. En noviembre de 2025 se renovó por seis meses más, con una canasta de 24 productos básicos fijada en 910 pesos: huevo, pollo, res, aceite vegetal, atún enlatado, pan de caja, leche, sopa de pasta, papel higiénico, tortilla y frutas y verduras seleccionadas. Participan la Secretaría de Hacienda, la Secretaría de Economía, el Consejo Coordinador Empresarial, cadenas de autoservicio y el comercio pequeño.

El dato relevante no es el precio de la canasta. Es lo que pasó afuera de ella: según un dirigente del pequeño comercio citado en la cobertura del acuerdo, los productos fuera de la canasta subieron alrededor de 15% en promedio.

Esa es la física del control de precios y es la misma en todas partes: el margen no desaparece, se muda. Si el regulador congela veinticuatro referencias, la compañía recompone en el resto del surtido, en el tamaño del empaque, en la calidad del insumo o en la mezcla de canales. Un acuerdo de precios no es una restricción sobre el pricing. Es un ejercicio de pricing con una restricción adicional, y las compañías que lo entienden así salen mejor que las que lo enfrentan como un problema de relaciones institucionales.

El precio no está en el organigrama

Hay una razón estructural por la que esto se repite y no es la falta de datos.

El mismo estudio de Simon-Kucher encontró que, entre las empresas que no usan inteligencia artificial en pricing, 54% señala la falta de expertise o de recursos internos como la barrera principal. No dice que la herramienta no exista. Dice que no hay quién la opere.

Esa es la confesión completa. En la mayoría de las compañías latinoamericanas medianas y grandes no existe un área de pricing, no existe un responsable con ese título, y no existe un reporte periódico que muestre precio realizado contra precio de lista por cliente, por producto y por canal. Existen tableros de venta, existen tableros de margen agregado y existe un archivo con la lista vigente.

El resultado es predecible. Las decisiones de precio se toman de manera distribuida, en cientos de conversaciones comerciales al mes, por personas cuya remuneración depende del volumen. Nadie está mintiendo ni siendo negligente: cada uno optimiza lo que le miden. El agregado de esas decisiones individualmente racionales es la mitad del aumento que se anunció.

Y a diferencia de un costo mal gestionado, un precio mal gestionado no aparece en ningún renglón. No hay una cuenta llamada "margen regalado". Está diluido en el ingreso.

El contraargumento honesto

Quien piensa lo contrario tiene argumentos reales.

El primero es de elasticidad. Decir que 1% de precio rinde 11% de utilidad supone que el volumen no se mueve, y en categorías competidas y con consumidor apretado el volumen sí se mueve. En un mercado donde el ingreso real de los hogares está estancado, un aumento de precio puede costar participación de mercado permanente, y recuperar participación es más caro que el margen ganado. La aritmética del pricing es correcta y el supuesto de volumen constante es heroico.

El segundo es de poder de negociación. Un proveedor mediano que le vende a tres cadenas de autoservicio no tiene autonomía de precio. Tiene una negociación anual donde el comprador conoce su estructura de costos mejor que su propio director de finanzas. Hablar de estrategia de precios en ese contexto es hablar de una decisión que se toma del otro lado de la mesa.

El tercero es de reputación y de riesgo político. En mercados con acuerdos de precios, comisiones de competencia activas y sensibilidad pública alta, un aumento visible puede tener costos que no aparecen en el modelo. Hay categorías donde el precio no es una variable comercial: es una variable regulatoria.

Los tres son correctos y los tres apuntan al mismo punto ciego. Ninguno explica por qué las empresas realizan menos de la mitad de los aumentos que ya decidieron cobrar. Esa pérdida no ocurre en la negociación con la cadena ni en la comisión de competencia. Ocurre entre la decisión y la factura, y ese tramo es completamente interno. Es el único tramo del negocio donde la compañía compite contra sí misma.

Y sobre la elasticidad: el argumento serio no es subir todo. Es dejar de bajar donde no hace falta. La mayoría de las compañías de la región no tiene un problema de precio de lista. Tiene un problema de dispersión: dos clientes del mismo tamaño, en la misma ciudad, comprando lo mismo, con siete puntos de diferencia en precio realizado y ninguna explicación documentada.

La consecuencia

Pedí un solo gráfico para el próximo directorio. Precio realizado por cliente, ordenado de mayor a menor, para tu producto principal. Sin promedios.

Si la dispersión entre el percentil 25 y el percentil 75 supera tu margen operacional, tu compañía no tiene una política de precios. Tiene un historial de negociaciones.

Después de ese gráfico vienen tres decisiones concretas y ninguna requiere software. Poné nombre y apellido a la propiedad del precio realizado, y que no sea la misma persona a la que le pagás por volumen. Fijá un piso de descuento que requiera aprobación por escrito y medí cuántas excepciones se piden por mes: ese número es tu diagnóstico. Y separá el calendario promocional del calendario de la competencia, porque si tu descuento es predecible, tu cliente ya no lo trata como oferta. Lo trata como el precio.

Con margen operacional de un dígito, la diferencia entre una compañía que cobra lo que decidió y una que cobra la mitad no es una diferencia de rentabilidad. Es la diferencia entre ganar plata y explicar por qué no.

La mesa

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