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El culto a la oficina analógica
Las compañías más interesantes de 2026 bajan el wifi a propósito. Dentro de la revuelta contra la pantalla encendida.

Mira Solano
12 de agosto de 2026 · 14 min de lectura

Un jueves en Lastarria, la oficina de Northroom huele a café y marcadores. Hay laptops, sí: cerradas, al fondo de una mesa de cuatro metros. No hay televisor, ni war-room de Slack, ni un monitor mirando a la puerta. Los fundadores de uno de los estudios de trabajo más observados de Latinoamérica hicieron una apuesta extraña. El futuro de la oficina, dicen, es analógico.
Hace cinco años esto sonaba a newsletter de lifestyle. En 2026 es un P&L. Empresas que pasaron una década instrumentando cada conversación ahora pagan para desinstrumentarlas. Las canastas de teléfonos junto a la sala de reuniones funcionan como guardarropas. Una generación de operadores descubrió que una herramienta hecha para hacer visible el trabajo también lo hizo interminable — y que interminable no es lo mismo que producir.
No desinstalamos internet. Dejamos de dejarlo sentarse a la cabecera.
Wifi lento como feature
El producto de Northroom no es el mueble, aunque el mueble está bien. Es un protocolo. Clientes —un fondo climático en Vitacura, una marca en Brooklyn, un estudio de semiconductores en Seúl— compran una sala diseñada para que la interrupción digital sea levemente incómoda. El wifi se estrecha después de las 11. Las paredes son corcho y lino. Hay impresora, y se usa.
“La gente cree que es nostalgia”, dice Camila Rojas, que cofundó la compañía después de una década en un unicornio de software que medía el ‘focus time’ en dashboards. “Es un problema de sistemas. Si la superficie por defecto de una sala es una pantalla, la sala se comporta como pantalla.”
Los números, cuando aparecen, son discretamente brutales. Northroom no publica valuación. Quienes han visto los libros hablan de lista de espera a dos años y un margen de servicios que pondría colorado a un consultora. Más interesante: tres clientes corporativos recortaron asientos de ‘software de colaboración’ en más de un tercio. El software no empeoró. Las reuniones se acortaron.
Para qué sirve lo analógico
Hay una versión de esta historia que termina en una máquina de escribir. No es esa. Lo analógico, en las compañías de este número, no es un disfraz. Es una restricción. Y las restricciones son cómo sobrevive el criterio cuando una empresa escala.
Esa es la portada de este número, y el argumento debajo. El poder blando, en los negocios, solía significar marca. En 2026 significa atmósfera: la capacidad de hacer una cultura por la que alguien cruce la ciudad. We Are Vander. We Love Business. Amamos las compañías que rediseñaron la mesa.


